Un equipo no es lo mismo que un grupo. Debemos clarificar la función de uno y otro dentro de la organización. Ambos coinciden en muchos aspectos. Por ejemplo, están compuestos por dos o más personas, tienen objetivos comunes, ambos tienen una dinámica emocional similar, etc. Sin embargo, aunque un equipo es también un grupo, un grupo no es un equipo. Es imprescindible clarificar las diferencias a efectos de evitar confusiones al definir su función dentro de la organización.

Existen muchas diferencias, pero las más importantes consisten en lo siguiente:

 

 

Dentro de un equipo los roles de los miembros son diferentes, aunque obligatoriamente deben complementarse, si no el equipo no funciona como tal. En un grupo por el contrario no tiene por qué ser así. Los miembros pueden tener el mismo rol y aunque no lo tengan, lo que les une no es la interconexión de roles sino otras cosas. Por ejemplo, un grupo de periodistas enviados especiales a un evento concreto. Todos están unidos por el acontecimiento en cuestión, sin embargo, sus objetivos pueden ser muy distintos y aunque en algunos de ellos los objetivos coincidan, no por ello dejan de ser un “grupo” de periodistas.

Dentro del equipo los roles son interdependientes y el resultado final es imposible si cada uno no ejecuta bien su rol. Y en el caso de que alguien, por cualquier razón no lo cumpla, pueden pasar dos cosas, o alguien del equipo carga con el trabajo del que no lo hace, o lo hace deficientemente, con el consiguiente estrés que ello puede suponer, o el cliente recibe menos valor del previsto, con la consiguiente posibilidad de perder al cliente, puesto que otro competidor puede aportar más valor.

Pensemos por ejemplo en un equipo de fútbol. Si alguno de los jugadores falla, pueden pasar dos cosas, o alguien del equipo suple sus fallos, o el equipo puede perder. Si el portero tiene un mal día todo el equipo puede llegar a perder. Y al contrario, si tiene un buen día, puede evitar una derrota también para todo el equipo.

Que los roles sean interdependientes, significa por lo tanto que lo importante dentro de un equipo no es el resultado individual, sino el valor que cada individuo aporta al conjunto de forma organizada. Quien gana no es el individuo sino el equipo. El “valor” por parte del cliente es percibido como resultado de equipo y no como resultado individual. Este punto es de vital importancia en los sistemas organizativos.

No sucede lo mismo en un grupo. No hay roles complementarios, sino que cada uno puede desempeñar los mismos que el otro sin importarle demasiado a los demás. El resultado no depende de la interconexión de roles sino de la suma de lo que aportan los miembros. Por ejemplo, un número determinado de médicos especialistas en corazón se reúnen en un congreso determinado. No son un equipo, puesto que cada uno de ellos aporta o puede aportar cosas diferentes que no tienen por qué estar conectadas con lo que dicen los demás. Podemos hablar de un grupo de colegas que se reúnen para crear sinergia, pero no podemos hablar de un equipo.

Dentro del equipo los roles interactúan. No solamente son interdependientes, sino que el resultado de la acción de cada uno tiene influencia en los demás de varias maneras. Si retomamos el equipo de fútbol, podemos decir que cuando alguno de los componentes realiza alguna jugada excepcionalmente buena, los demás jugadores se animan y juegan mejor que lo normal. Y al contrario, cuando alguien comete algún fallo los demás se desaniman. Si trasladamos el ejemplo a la organización, entenderemos por que se da el llamado “orgullo de pertenencia” que con frecuencia por sí solo ya genera sinergia.

Si bien en un grupo también las distintas funciones reciben una influencia mutua, no interactúan. Por ejemplo, en el caso de los médicos, el que uno tenga una brillante aportación en un congreso determinado no hace que la aportación del siguiente colega sea mejor. Lo máximo que puede suceder es que el colega se sienta estimulado a superarse. Es por ello que más que de interacción, debemos hablar de influencia. Para que haya interacción, tiene que haber también interdependencia.

Aunque un grupo no es un equipo siempre un equipo es un grupo. Por lo tanto, todos los atributos que tiene un grupo, también los tiene un equipo. La dinámica que se da dentro de un grupo también se da dentro de un equipo. De la misma forma que hablamos de dinámica de grupo también tenemos que hablar de dinámica de equipo.

Otra complicación para el equipo, que no para el grupo, es que en la realidad los roles dentro del mismo no son siempre claros. La frontera entre ellos nunca es matemática. Si tenemos en cuenta además que el estatus viene en parte definido por el rol, nos encontramos frecuentemente que en la búsqueda de posicionamiento y de estatus, las personas dentro del equipo entran frecuentemente en conflicto. Las organizaciones han funcionado y funcionan todavía por el predominio del estatus sobre el rol y esto no deja de ser otro error. Cuando se da esta situación el rol está más en función de conseguir estatus que de satisfacer al cliente.

El líder de un equipo de trabajo es quien deberá crear las condiciones para que se configuren equipos que puedan aportar valor a la organización.