Gran parte de la preparación previa a una sesión formativa debe ayudarle a minimizar las conductas disruptivas en el aula. Por ejemplo, explicar a los participantes las razones de la formación superará muchas de sus objeciones. Asimismo, comprender las necesidades de los participantes le ayudará a ajustarse a condiciones difíciles. Sin embargo, es posible que tenga algún participante difícil en el aula. Estas son algunas conductas comunes y la forma de afrontarlas:  

  • Llegar tarde: Presenta dos variantes. El que siempre llega tarde (por la mañana, después de la comida, después de los descansos) y el tardón ocasional. Si es ocasional no darle demasiada importancia. Por norma general se deben indicar “las reglas del juego” y remarcar la importancia de la puntualidad. También se pueden hacer juegos tipo: quien llegue tarde paga el café o decir que el portavoz será la persona responsable de que todo su grupo esté puntual, …Es importante conocer las causas de la tardanza, puede que algunas sean justificadas.
  • Mantener conversaciones al margen: Algunos participantes podrían hablar entre ellos, lo cual puede ser disruptivo. Sin embargo, no concluya de inmediato que estos participantes le están faltando al respeto. Es posible que sólo traten de aclarar algún punto. Una forma de abordar esta situación es preguntarles si hay algo que no entienden.
  • Monopolizar la discusión: Algunos participantes tienden a adueñarse de la conversación. Aunque el entusiasmo es algo grandioso, usted no puede dejar fuera a los demás participantes. Diga a la persona que sus comentarios son valiosos, pero que desea abrir la discusión a los otros participantes.
  • Hacer otras cosas: Realiza tareas que le preocupan algo más que lo que se está realizando en la sesión: consulta el móvil, contesta e-mails, e incluso avanza la lectura de la documentación de la misma sesión que todavía no se ha trabajado. La proximidad física en estos casos va a sernos de gran utilidad, podemos o situar a la persona más cerca del formador o que sea el propio formador quien se aproxime a él. Además, podemos darle un rol específico dentro del grupo que le mantenga ocupado (responsable, portavoz, …)
  • Quejarse: No suponga que quienes se quejan carecen de razones válidas para hacerlo. Pregunte al resto del grupo si se siente de la misma manera. Si no es así, hable con esa persona en el pasillo durante un descanso.
  • Desafiar sus conocimientos: Determine si esta persona en realidad sabe más que usted o si sólo trata de actuar como si fuera así. Si en efecto sabe más que usted, trate de hacer que le ayude en la formación. Si no es así, pídale que compruebe sus conocimientos, lo que comúnmente la hará retroceder.
  • Mostrarse agresivo: Si hay opiniones contrarias a la suya reacciona preferentemente con agresividad. Su reacción natural es enzarzarse con otro u otros, preferentemente en pequeño grupo que ante el gran grupo. Una buena estrategia con este tipo de participantes es hacer que defiendan una postura contraria a la suya. En cualquier caso, será bueno poder dirigirnos a él directamente en algún descanso y preguntarle directamente que es lo que no le está agradando de la sesión formativa.
  • No creerse nada: Sus expresiones faciales son concluyentes, incluso antes de que acabe el discurso. Si se trata de “escepciticismo constructivo” ayudará a cuestionar muchos planteamientos; si lo es por sistema, acabará desanimando al grupo. Dos alternativas posibles para este tipo de participantes serán, adelantarnos a su reacción anticipando los contras de lo que hayamos expuesto y hacer que vea siempre la aplicabilidad en el puesto de trabajo.
  • Desconectarse: También en este caso, usted no deberá sacar conclusiones precipitadas (por ejemplo, que la persona no está interesada en la formación). Es posible que la persona se sienta enferma, esté preocupada por algo, o se sienta excluida. Busque un momento durante un descanso para averiguar qué es lo que pasa.
  • No participar: Participa el mínimo posible. Se prodiga mejor en el pequeño grupo y le cuesta hacer de portavoz o de conductor de grupos. No es sinónimo de pasividad porque puede seguir perfectamente el curso y hacer las mínimas intervenciones. Probablemente éstas serán muy acertadas. Le podríamos dar un rol específico, respetando siempre su personalidad, como cronometrador, secretario, observador, … En ningún momento sería oportuno forzarlo a situaciones en las que se encontraría muy violento y el propio grupo nos los recriminaría.
  • No entender: Si alguien no entiende algo, afronte la situación con mucho tacto. Trate de hallar algo en lo que esté de acuerdo con el punto de vista de la persona. Trate de identificar aquello que la persona no ha entendido y aclárelo mediante analogías o ejemplos. No se ría de la persona ni la humille.
  • Buscar la perfección: Su mundo es la precisión. Será difícil que dé algo por terminado y el tiempo es un indicador que difícilmente considerará. Si se juntan varios “puristas” pueden quedarse verificando la corrección de la instrucción de una actividad. A este tipo de participante podemos asignar el rol de controlador del tiempo en las actividades, por ejemplo, de manera que se vea obligado a involucrarse más y no desviarse del tema. Además, siempre podemos hacerle ver la importancia de la eficacia frente a la perfección.