Los procesos de aprendizaje han sido abordados a lo largo del tiempo por diferentes corrientes educativas, desde la piagetiana hasta la escuela sociocultural. Todas ellas han centrado sus investigaciones en determinar los procedimientos mediante los cuales un sujeto, desde su nacimiento hasta la adolescencia, es capaz de asimilar la información. Se supone que una vez llegada la adolescencia los esquemas mentales están formados, y se da por entendido que un sujeto es capaz de aprender cualquier cosa sin excesivos problemas. No obstante, los que trabajamos con adultos, especialmente con formadores, sabemos que esto no es así.

desaprender

La práctica con estudiantes adultos nos revela cosas diferentes a lo que se indica en la teoría. En nuestra experiencia con ellos hemos visto que el desaprendizaje es uno de los problemas a los que tiene que enfrentarse el educador de adultos. Los participantes se mantienen anclados al aprendizaje anterior y les cuesta enfrentar los cambios que se han producido. Una muestra de esto es que a los participantes, sobre todo si son profesionales, les desagrada recibir cierta retroalimentación que les da el formador. Cuando éste le señala los errores cometidos, algunos recapacitan y se dan cuenta y hasta lo agradecen, mientras que otros se sienten ofendidos, siguen con aquello de que «hace más de 15 años que lo hago así»; les cuesta entender que llevan 15 años haciéndolo mal, o que las cosas cambiaron y ahora es otra cosa la que conviene, y tienen que cambiar. Allí es donde el desaprender les cuesta, bien sea porque ello representa mucho trabajo, bien por el temor a que no les vaya bien, o simplemente por no querer aceptar los cambios.

En estos casos no hay que centrase en enseñar teoría, sino que es más conveniente poner al participante a resolver problemas acordes con su realidad. Además, el adulto aprende si lo pones a investigar, de tal manera que él va construyendo su propia teoría. Siempre se obtienen mejores resultados con adultos si intervienen en su propio proceso de aprendizaje que si se les mantiene al margen, como sujeto pasivo receptor de la enseñanza.

En el momento en que los participantes son miembros activos de su propia formación, se rompen las barreras que dificultan el desaprendizaje, y le facilitan la entrada a nuevos aprendizajes.