Hagamos una prueba rápida. Sin buscar esa tarjeta que está olvidada en el cajón de su escritorio, responda a las siguientes preguntas: ¿cuál es la declaración de visión de su empresa? ¿Cuáles son los puntos clave de su programa estratégico? ¿No los recuerda? Bueno, ¡bienvenido al club! Aunque la mayoría de las empresas tienen una declaración de visión estratégica y un plan estratégico bien elaborados, generalmente existe una diferencia entre estos enunciados ideales y lo que las personas saben y hacen. ¿Cómo podemos enfrentarnos al desafío de crear un plan estratégico que haga avanzar a nuestra organización de manera innovadora?

No le proporcionaremos respuesta, pero sí algunas reflexiones acerca de los factores que ayudan a crear una mentalidad orientada hacia el pensamiento estratégico:

estrategia

 

  • Tener presente el futuro ideal. El pensamiento estratégico comienza con una imagen clara del futuro deseado a largo plazo para la organización. Teniendo en mente esta visión, las decisiones y las acciones tienen más probabilidades de responder a este objetivo fundamental.
  • Tener en cuenta los valores fundamentales de la organización. Mientras que la visión describe el estado final que las personas tratan de generar con el paso del tiempo, los valores fundamentales se relacionan con el momento presente. Estos valores —si están claramente definidos y son aceptados por todos los niveles de la organización— tienen más probabilidades de generar decisiones y acciones estratégicas debido a que se relacionan con las preocupaciones actuales.
  • Buscar continuamente oportunidades y amenazas. La mentalidad de pensamiento estratégico depende de contar con una aguda conciencia del entorno. Los pensadores estratégicos siempre están atentos —descubriendo oportunidades al mostrarse abiertos y receptivos ante la nueva información— y, por ello, pueden detectar posibles amenazas con anticipación.
  • Buscar patrones y relaciones. Los pensadores estratégicos reconocen los patrones que hay entre los sucesos y circunstancias (por ejemplo, ellos serán los primeros en detectar un patrón emergente de solicitudes de los clientes). Posteriormente, pueden ayudar a iniciar la conversación acerca del significado de dichas tendencias para la organización y cómo responder mejor a ellas desde un punto de vista estratégico.
  • Reconocer las relaciones. Los pensadores estratégicos son muy conscientes de las interrelaciones entre las acciones y los sucesos. Reconocen que toda acción dentro del sistema (como el hecho de bajar los precios para atraer a nuevos clientes) podría tener o no el efecto deseado (como un incremento en nuevos negocios), pero siempre tendrá consecuencias imprevistas (como atraer a distintos tipos de clientes). Los pensadores estratégicos respetan mucho esta regla de consecuencias imprevistas.
  • Actuar según la visión, los valores, el entorno y las relaciones. El pensamiento estratégico integra los elementos descritos anteriormente en una perspectiva de estrategia global que da forma a la manera en que las personas toman cada decisión en el momento.

El pensamiento estratégico permite que las personas de todos los niveles tomen decisiones efectivas y actúen de manera independiente, representando la visión, los valores y el programa estratégico de la organización. Cuando las personas se convierten en pensadores estratégicos, la organización termina dedicando menos tiempo a dirigirlas y a controlarlas, y más tiempo a apoyar las aportaciones innovadoras de sus colaboradores.