En nuestras organizaciones el perfil del profesional de formación está migrando cada vez más a algo parecido a un consultor interno. Muchas veces hemos planteado este reto sobre el papel y lo hemos discutido activamente en nuestros distintos foros: cómo encontrar la fórmula mágica que se adapte a cada organización y en la que encajen las personas adecuadas, haciendo las aportaciones oportunas.

Leyendo, navegando y, sobre todo, hablando sobre el terreno con gente que trabaja con problemas y ofrece soluciones, nos damos cuenta de que si tuviéramos que clarificar el rol del formador actual, éste tomaría diferentes formas. De hecho, partiría de tres moldes diferentes que seguro podíamos matizar y adecuar a cada una de nuestras organizaciones; éstos son:

  • Formadorunipersonal
  • Facilitador
  • Consultor

A veces las palabras toman sentidos diversos y pueden interpretarse según las cargas semánticas o, incluso, después de un par de lecturas y reflexiones, pero sirvan estas definiciones para diferenciar las tres funciones que pueden recaer en una misma figura en ciertas organizaciones y que muchas veces es complicado delimitar.

  • Formador: Que forma o pone en orden. Persona que se dedica a educar a otras.
  • Facilitador: Especialistas y profesionales con una sólida preparación en el tema abordado, que intentan desarrollar el potencial de los asistentes u oyentes.
  • Consultor: Que da su parecer, consultado sobre algún asunto. Persona experta en una materia sobre la que asesora profesionalmente.

Un ejercicio de este tipo (síntesis) puede parecer “reduccionista” o incluso simplista. Pero su lectura por filas nos hace reflexionar, auqnue sea por comparativa, sobre:

  • Qué somos (y cómo actuamos).
  • Qué queremos ser (y cómo deberíamos cambiar).
  • Qué pedimos a nuestros colaboradores (y cómo se lo facilitamos).
  • Qué pedimos a nuestros proveedores y/o socios (y cómo lo evaluamos).
  • Qué perfil necesitamos ejercer o buscar en cada momento para nuestros proyectos.

Debemos animarnos a completar la tabla, a rectificarla según nuestro propio criterio. En los momentos de cambio parece estratégico clarificar ideas, consolidar nuestra experiencia y mirar al futuro con ilusión y criterio.