Pío Baroja, en su novela de este título, decía que en el mundo “todo es crueldad, barbarie, ingratitud”. También decía que aunque no sea verdad lo que la frase dice, sí que lo es el hecho de que hay gente capaz de ver el mundo así. Nos distinguimos unos de otros, es indudable, por la manera de ver el mundo, la realidad que nos rodea. Este fin de semana he repasado diferentes maneras de ver el mundo para aprender de ellas. people

Como el economista del departamento de finanzas. Envidio su sorprendente capacidad para ver el mundo de manera sistémica. Todo depende de todo lo demás, parece ser su lema. Si el precio del dinero sube se desencadena en el mundo una serie predecible de efectos inmediatos interdependientes. Algo pasa en la inflación que repercute en el consumo, y éste en las tasas de paro –en mi comportamiento, por ejemplo- y mi comportamiento de consumidor acaba influyendo, a su vez, en la inflación, ya que compro en función de los precios y ello afecta en un momento u otro a la inflación, lo cual afectará por segunda vez sobre mi comportamiento como consumidor y ello, finalmente, obligará al comisario de la cosa en Bruselas a apretar o aflojar la clavija del interés en un cuarto de punto más o menos que…

Si veo el mundo y la empresa como el economista me sorprendo ligando causas y balanceando efectos simultáneamente de modo que acabo sintiendo que cualquier cosa o fenómeno que se pone por delante es parte de un todo que no acabo de abarcar y del cual me siento parte.

Como el ingeniero de producción. Cuando hablo con el ingeniero del departamento de producción siempre me habla de secuencias y de operaciones que se despliegan en el tiempo. Estoy ante él como ante un estratega militar. Ayer me contó lo que hizo en el fin de semana resaltando la complejidad logística que supuso llevar a la familia a la playa teniendo en cuenta la variedad y volumen imprevisto de los materiales que hubo de acopiar y tuvo que transportar hasta llegar a su destino. Un destino que resultó insatisfactorio, ya que no cumplía del todo los requisitos de calidad previstos: no encontró ni siquiera una sombra para él y su cerveza en toda la mañana.

Cuando miro el mundo y la empresa con sus ojos asumo que siempre es posible encontrar una mejor manera de hacer las cosas y que todo depende de la planificación. Estoy en un mundo que puedo mejorar o acabar de estropear consciente, planificada y controladamente.

Como el informático del departamento de asistencia al usuario. Siempre me ha divertido comprobar su decepción cantante ante la realidad. Vive en la ilusión de que manejan realmente máquinas (metálicas, mecánicas, como locomotoras de vapor) y resulta que se encuentran ante artefactos demasiado humanos y muy femeninos por otra parte (caprichosos, volubles, inteligentes, sensibles y que envejecen como nosotros). Creen que ejercen una ciencia exacta como los matemáticos y no pasan de clínicos como los médicos: siempre han de tener en cuenta esa máquina que tienen enfrente con sus particularidades y no la genérica cuyas especificaciones figuran en el folleto técnico.

Cuando miro el mundo y la empresa con sus ojos veo un mundo menos predecible de lo que quisiera y desesperadamente veloz; aún no acabo de conocer y saber manejarme entre las cosas que tengo delante y ya hay más, nuevas y distintas.

 Como el psicólogo de RRHH. Me explica las cosas en función de las personas. Su pasatiempo favorito es encontrar las causas ocultas que explican lo que ocurre en función de las motivaciones y los estados emotivos o emotivo-inteligentes de la gente. Disfruta sorprendiendo el sentido común de todos nosotros, pobres legos en psicología; pero acaba aplicando el más vulgar de los sentidos comunes en sus soluciones profesionales. He encontrado casi siempre mejores soluciones técnicas a los problemas humanos en las organizaciones de manos de los ingenieros que de los psicólogos. Y es que éstos parten de la hipótesis de que la gente es muy diferente entre sí y aquellos precisamente de la contraria que es –según parece- la más ajustada a la verdad. Las máquinas son más diferentes entre sí y las personas más semejantes una de otra de lo que suponemos.

Si miro el mundo como él, me doy cuenta de que la realidad es una extraña mezcla de lógica y capricho, de aspectos racionales y emotivos que nunca acabaré de entender.

 Incorporaré más visión sistémica a mi modo de pensar, más seguridad en mi capacidad de prever y predecir, y un poco más de atención a los casos particulares y a los motivos personales que dan variedad e imprevisibilidad a lo que nos rodea. ¡Y es que es bien cierto aquello de que “nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”!