En pleno auge del e-learning y de otras novísimas estrategias formativas basadas en la tecnología, podríamos llegar a la conclusión de que tenemos a nuestra disposición unos magníficos medios de aprendizaje capaces de satisfacer todas las expectativas. La realidad es que hoy en día existe una gran oferta formativa, presencial o a distancia, y de casi cualquier materia.

 

Sin embargo, el hecho de aprender —ya sea con las metodologías más modernas o con otras más clásicas— no sólo puede darse de una forma consciente. También es posible aprender de modo inconsciente, tanto en el entorno laboral como fuera de él. Con esto quiero decir que existen numerosas oportunidades de aprendizaje en el mundo actual al margen de la formación académica y la no reglada (seminarios, talleres, cursos, etc.).

¿Alguna vez ha pensado seriamente en tales oportunidades de aprendizaje? Usted puede aprender de las siguientes maneras:

  • Tomando riesgos, experimentado, probando cosas nuevas.
  • Aprovechando la experiencia de otros.
  • Cometiendo errores (o logrando éxitos).
  • Dialogando, interaccionando, intercambiando ideas.
  • Haciendo visitas, observando a la competencia.
  • Leyendo libros, revistas, informes, periódicos…
  • Observando e imitando habilidades de otras personas.
  • Mirando la televisión o un vídeo, escuchando la radio.
  • Participando en procesos de coaching o mentoring.
  • Dando y recibiendo feedback.

Volviendo al contexto del e-learning, también podemos extraer un gran provecho de multitud de experiencias que no pasan necesariamente por el estricto estudio de un curso on-line. Así, se puede acceder a formas alternativas de aprendizaje electrónico, por ejemplo:

  • Navegando por la Red (de manera dirigida o libre).
  • Realizando una exhaustiva búsqueda de información sobre un tema concreto.
  • Participando en un chat o en un fórum.
  • Recibiendo orientaciones de un coach o mentor vía e-mail.
  • Recibiendo e-mails de otras personas.

Así pues, podemos mejorar o ampliar nuestras competencias simplemente aprovechando las oportunidades que nos ofrece el día a día. Ya sea de forma pasiva o activa, planificada o imprevista, con tecnología sofisticada o sin ella, tenemos en nuestro entorno la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos o habilidades y aplicar posteriormente lo aprendido a nuestro puesto de trabajo.

Desde el departamento de formación deben valorarse estas múltiples posibilidades y disponer los medios que favorezcan este clima de aprendizaje “no estructurado” que, en definitiva, repercutirá en el desarrollo profesional de los colaboradores.