«Sólo podemos describir el mundo de hoy a la gente de hoy si lo describimos como susceptible a los cambios». Esto lo dijo Bertolt Brecht refiriéndose al teatro en el siglo XIX, pero podría aplicarse perfectamente al clima que se respira hoy en día en las organizaciones.

Las organizaciones de hoy no sólo son susceptibles a los cambios, sino que también deben cambiar periódicamen­te, a fin de adaptarse a las rápidas transformaciones en el mundo que las rodea y en las personas que las forman. desarrollo organizacional

Cualquier cambio comporta riesgos, sobre todo si es inesperado. Por este motivo la clave para el cambio en la organización reside en la planificación. Y en eso se basa precisamente el Desarrollo Organizacional: en el cambio planificado.

El Desarrollo Organizacional (DO) es el proceso plani­ficado para ayudar al desarrollo de una organización, a fin de hacerla más eficiente a la hora de cumplir con los objetivos que se ha fijado.

El cambio es la meta intencional. El desarrollo —mejo­ra de la capacidad y del potencial para la eficiencia— es la finalidad.

Un cambio no significa desarrollo para la organización. Burke afirma que los cambios se convierten en desarro­llo para la organización sólo cuando:

  • Responden a una necesidad de cambio real y percibida por parte del cliente.
  • Involucran al cliente en la planificación e implantación del cambio.
  • Conducen al cambio de la cultura o los sistemas de la organización.

¿Qué tiene que ver el DO con la formación? Mucho. Dado que el Desarrollo Organizacional es un proceso basado en la educación, se apoya en gran medida en la formación para incrementar el grado de conciencia y los conocimientos que la organización necesita para culminar con éxito un proceso de cambio.

Hay miles de teorías y modelos para el Desarrollo Organizacional pero podemos identificar siete fases del proceso que, explicadas de forma breve, son:

  1. Inicio: conocer a un cliente potencial del proyecto y discutir sus preocupaciones.
  2. Contrato: acordar lo que debe hacerse, cómo y cuán­do se va a realizar y cuánto va a costar.
  3. Diagnóstico: llevar a cabo una evaluación para deter­minar los temas clave que hay que solucionar.
  4. Feedback: resumir y discutir los datos de dicha eva­luación con el cliente y otras personas implicadas en la misma.
  5. Planificación de la acción: preparar un plan de acción basado en los datos de la evaluación y en las principales preocupaciones del cliente.
  6. Intervención: poner en marcha estrategias que con­duzcan a los resultados deseados.
  7. Evaluación: determinar el grado de éxito de las in­tervenciones, identificando aspectos positivos y negati­vos relacionados con los resultados obtenidos y con el proceso realizado.