Los tiempos que corren están influyendo, ¿qué duda cabe?, en lo que se espera de quienes mandan. Hoy más que nunca es tiempo de líderes, tiempo de aporte de sentido, de meta y de saber encender ese fuego en el corazón de la gente, esa  ilusión y esas ganas de esforzase que tan necesarias son.

Esta doble función del líder como generador de sentido, de meta y fuente de ilusión es, a mi juicio, la esencia de lo que se espera de él.  Ambos aportes son –al menos en el papel- de igual importancia. Tan falso resulta el líder que marca meta pero deja fría a la gente como aquel que la enciende pero la deja en la oscuridad en lo que respecta al camino a recorrer y la meta a conseguir.

Dicho esto y sentado el principio de que el mejor líder es aquel que consigue un óptimo equilibrio entre ambas aportaciones nuestra impresión es que estamos viviendo una época de ligero pero claro predominio de la primera aportación. Los líderes lo son hoy por su capacidad de aporte de sentido y de finalidad. Quien sepa adonde hay que ir y luego dé razón de ello, arrastrará voluntades.tiempo

Estamos, al menos en nuestro entorno cercano, (el europeo, el occidental en menor medida) echando en falta líderes “clarividentes” en el mejor sentido de la palabra y en su acepción más centrada en lo empresarial posible. Líderes a los que seguir porque demuestran que saben dónde van. El desconcierto social es grande y el desconcierto en la mayoría de las empresas (también en la Administración) es enorme. Nos vemos mirando a quien nos dirige (en cualquier ámbito) y le vemos dando vueltas y pegándose contra las paredes.

El título que damos al blog tiene su origen en estas previas reflexiones. Mi impresión es que estemos donde estemos toca ahora ejercer de estrategas. Pensar a medio plazo cuando todos están pensando en el corto, aprovecharse de los desequilibrios regionales y salir a vender fuera, aliarse y saber negociar acuerdos, reinventar el negocio en donde estábamos tan divinamente hace unos años…

Ya estemos en la cúspide de una Organización como CEO, ya al mando de una unidad intermedia, de un departamento o de un humilde equipo de personas con una función definida dentro de la Organización ahora se trata de responder a tres preguntas con respuestas de alta calidad y rápidamente, sin dudar:

  • ¿Si desaparece tu empresa (tu departamento o tu humilde equipo) ¿a quien le  importaría y por qué?
  • ¿Cuáles de tus sus clientes te echaría más de menos y por qué?
  • ¿Cuánto tiempo haría falta para que otra empresa, otro departamento u otro humilde equipo ocupara el vacío que dejaríassi desaparecieras?

 

Estas tres preguntas nos las hizo un viejo profesor en un curso de alta dirección. Los participantes éramos todos CEOS o altos directivos de empresas europeas y norteamericanas. Escuchamos las preguntas sonriendo. Cuando nos invitaron a responderlas refiriéndonos a nuestro caso, nuestra empresa, nuestro departamento, nuestro humilde equipo, la cosa cambió: no era ni mucho menos sencillo responder a ninguna de ellas en poco tiempo; Quedaron como deber a realizar.

Si el CEO no es capaz de responderlas el mercado le echará, si el jefe departamento o el del humilde equipo de personas no hacen lo mismo con las suyas a su nivel acabarán desapareciendo con una enorme rapidez.